propósito:
identificar los principales elementos de crisis del sistema colonial, su incidencia en el proceso de independencia, así como la conformación del Estado nacional mexicano; además busca comprender el desarrollo de México como Estado independiente, los proyectos de nación y los intereses de dominación expansionista de las potencias extranjeras. Los aprendizajes que se buscan alcanzar son: caracterizar a la revolución de independencia como la confrontación de intereses de diversos proyectos y grupos sociales, que seguirán presentes en los conflictos político militares generados en torno a la construcción del Estado nación mexicano; reconstruir el desarrollo de México como nación independiente en el contexto de los intereses capitalistas y de dominación de las potencias extranjeras y reflexionar sobre la problemática de la identidad nacional y de los elementos que la constituyen.
Introducción
La Independencia de la Nueva España a principios del siglo XIX (1810) es causada por una serie de acontecimientos como la introducción en la colonia de las Reformas Borbónicas, las cuales motivaron el descontento generalizado de la clase criolla y popular al privilegiar a los peninsulares en los puestos administrativos y políticos más importantes. Al mismo tiempo es el auge y proliferación de ideas liberales en Europa y América. Por ello, el movimiento de Independencia es reflejo de la diversidad de pensamientos y proyectos de nación, entre los cuales se encuentran la ideología de Hidalgo, Allende, Morelos, Vicente Guerrero y Agustín de Iturbide. De esta manera, durante el proceso de conformación del Estado- Nación mexicano surgen diferentes proyectos como el federalismo y el centralismo que se enfrentan en una prolongada lucha por el poder político del país. Bajo este contexto, se presentan las intervenciones extranjeras siendo la más importante el conflicto de Texas en 1836 y la guerra entre México y Estados Unidos que concluyó con la pérdida de la mitad del territorio nacional mediante los tratados de Guadalupe-Hidalgo de 1848. Poco después se proclaman las leyes de Reforma con Benito Juárez como principal inspirador en la separación de las relaciones Iglesia-Estado, las cuales agudizan el conflicto entre los liberales y conservadores, crisis política y social que se extendería hasta el triunfo del liberalismo mexicano sobre el imperio francés y su representante el emperador austriaco Maximiliano y los conservadores mexicanos en 1867.
LA REVOLUCIÓN DE INDEPENDENCIA.
Antecedentes.
Conociendo lo que significó el régimen colonial, lo que caracterizó a la sociedad mexicana de fines del siglo XVIII y principios del XIX, y el tipo de contradicciones que condicionaron esa fase de su desarrollo, se puede comprender mejor lo que fue el movimiento de Independencia, sus causas, el marco en el que se desenvuelve, su alcance y la lucha social y política que subyace a los enfrentamientos.
Como todo hecho histórico el movimiento de Independencia tiene antecedentes remotos de diversa naturaleza, entre los que la conquista y el largo coloniaje que el país sufre son sin duda fundamentales.
Entre las causas externas se encuentran la ocupación napoleónica a España de 1808, la revolución industrial inglesa, la independencia de los Estados Unidos, la revolución francesa y las nuevas ideas políticas y filosóficas que contribuyeron a su triunfo. Pero sin restar importancia a todo lo anterior, es indudable que las raíces más profundas de la revolución de Independencia en la Nueva España eran internas y tenían que ver principalmente con las condiciones y las contradicciones que se habían creado en ella, y las fuerzas capaces de hacerles frente.
Cué Canovas considera que para entender las verdaderas causas de la lucha de independencia nada hay tan importante como la representación hecha ante el rey de España por el obispo Abad y Queipo, en 1799, En ella declaraba que los españoles, con sólo un décimo de la población tenían todas las propiedades y riquezas del reino. Las otras dos clases, que comprenden los nueve décimos, se hallaban en mayor abatimiento y degradación. El color, la ignorancia y la miseria de los indios los coloca a una distancia infinita de un español.
La desigualdad era, sin duda, uno de los rasgos más característicos de la sociedad colonial, cultural y política, Aun autores como Alamán, aunque traten convencionalmente de justificarla no dejan de reconocerlo. Y es natural que concitara un creciente descontento, sobre todo si se piensa que tal situación se daba en un país sin libertad y a cuyo pueblo se le negaba incluso el derecho a ser dueño de si mismo. “La dependencia del pueblo—escribe Zavala—era una especie de esclavitud, consecuencia necesaria de este estado de cosas, de la ignorancia en que se le mantenía, del terror que inspiraban las autoridades con sus tropas, su despotismo y su orgullo y más que todo de la Inquisición, sostenida por la fuerza militar y religiosa,
Aun numerosas familias acomodadas y amplios sectores de las capas medias se sentían profundamente inconformes. S bien muchos criollos empezaban a hacer fortunas considerables o al menos vivían con holgura, de hecho seguían sometidos al gobierno y en general al férreo dominio español. Y en niveles más modestos las limitaciones de todo orden se multiplicaban y eran más severas, para no mencionar la condición de las grandes masas, sobre todo indígenas, cuya miseria y abandono eran realmente dramáticos.
El pueblo estaba cansado de la opresión colonial, del despojo de varios siglos, de la arbitrariedad, del robo, de la corrupción, del parasitismo de los gobernantes y de que, desde lejos otro país que más que madre patria era una madrastra injusta e incomprensiva, decidía su suerte sin tomar en cuenta los intereses, las legítimas aspiraciones y la voluntad de los mexicanos. Existían todos los elementos que eran indispensables para producir una revolución.
En realidad sólo las autoridades españolas, los ricos que vivían en condiciones privilegiadas y ciertos intelectuales a su servicio no advertían lo que pasaba. Según ellos nada justificaba la insurrección de 1810: ésta era un movimiento subversivo artificial y que desde luego estaba destinado a fracasar.
Tomado de Varios Autores. El pensamiento político de México. Tomo I. La época de la Revolución de Independencia. 1808-1824. México. Nuestro Tiempo. 1986.pp-67-73.
LOS PRINCIPALES ACTORES.
IVAN GÓMEZCESAR.
Durante la gesta independentista, el pensamiento político de nuestros próceres expresó no la simple continuidad de una idea preconcebida, sino el complejo y en ocasiones contradictorio proceso revolucionario mismo, en el seno de una sociedad asentada en una cruenta conquista y en la que subsistían las más lacerantes desigualdades sociales. Las presentes notas buscan contribuir al conocimiento crítico del ideario independentista, poniendo particular atención a como éste, pese a no carecer de imitaciones y contradicciones fue capaz de representar los más genuinos intereses nacionales y populares, intereses muchos de ellos en plena vigencia.
PLAN DE EXPOSICIÓN.
La exposición parte de identificar cuatro momentos principales de la revolución, en los que es posible apreciar cambios y quiebres fundamentales en el pensamiento político de la insurgencia.
En el primero que arranca con el Grito de Dolores y concluye apenas seis meses después con la aprehensión de los principales caudillos se analizará el pensamiento de las principales figuras históricas: Miguel Hidalgo e Ignacio Allende, quienes además de ser los motores de la insurrección, encarnaron a la vez las dos vertientes básicas y por momentos encontradas de la revolución. El primero, que propugna por un movimiento de profundo contenido social y el segundo, representante de las capas criollas que buscaban esencialmente la autonomía frente a España y derrocar del poder a los peninsulares.
El segundo momento se podría a su vez dividir en dos: el que tiene como principal figura a Ignacio Rayón, sucesor de Hidalgo y Allende en el mando insurgente y fundador del primer intento de gobierno propio. Coincidiendo en el tiempo, el movimiento dirigido por José María Morelos se transforma paulatinamente en la dirección real del proceso y en la opción más avanzada del mismo. Bajo la dirección de Morelos y muchas veces contra la opinión de varios de sus compañeros, la revolución se radicaliza y se inclina por la defensa de los intereses populares. D e esta etapa se abordará el pensamiento de Morelos y el expresado en el Congreso de Anáhuac y en la Constitución de Apatzingán.
Un tercer momento parte de la derrota de Morelos en 1815 y concluye con el Plan de Iguala y la proclamación de Independencia de 1821. De estos años, los más difíciles para la revolución, se analizarán los idearios de Vicente Guerrero, el continuador más destacado de la insurgencia y el de Agustín de Iturbide, representante de los intereses de las clases dominantes en la Nueva España.
Un último momento comprende la efímera monarquía de Iturbide y concluye con la promulgación del sistema republicano y la adopción de la Constitución de 1824.
viernes, 6 de noviembre de 2009
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